

Tocar su rostro sintiendo el espacio que separa las yemas de tus dedos de su deseada piel;
respiraciones profundas con un corazón acelerado que no para;
la vista se adentra en esa mirada anhelante que te dice tanto sin poder escucharlo;
mientras tus labios mojados por tu saliva ansían sentirle...
Abres los ojos, y sigues esperando a que ocurra.