lunes, 2 de agosto de 2021

No hay mayor verdad que la de uno mismo



La mayoría de los conflictos diarios son absurdos, y me atrevería a decir poco importantes. Hacemos mundos de cosas que no merecen la pena.  Pero tranquilo, nos pasa a todos. 

Fuera de los graves problemas (de salud, de lugar de residencia, 
 educación de los hijos, entre otros tantos ejemplos de la vida cotidiana), nuestro día a día está cargado de malos entendidos que terminan en discusión. Y pensarás, yo no empiezo, empieza el o ella. 
Quien dice que no se enfada en la pareja o que nunca se han pegado voces, primero: no me lo creo y segundo: es una relacion banal o poco sería. 

Porqué digo esto. Porque discutir, tener diferentes puntos de vista, forma parte del día a día. El problema surge cuando ambos se ciegan y no quieren ver más allá de su verdad. Y ninguno de los dos cede o se para a escuchar lo que dice el otro. 


No hay una verdad absoluta, hay diferentes puntos de vista, que pueden ser defendidos de forma abierta, dejando la puerta abierta a poder modificarlos o adaptarlos a la otra persona. Y cuándo hacemos ésto? Cuando hay amor (con tu pareja, tus hijos, padres... La familia o algún amigo que también lo es). 

El amor es uno de los ingredientes para ceder ante algo, o cambiar tu perspectiva ante un asunto. Porque tus pensamientos no van a cambiar de forma radical, y seguirás pensando que tu verdad es la correcta. Ceder, escuchar, ser empático y equitativos en la pareja, hará que todo vaya a mejor y los conflictos sean menores. 

Está bien exponer y que hayan varios puntos de vista, pero ante un desacuerdo, que no siempre tenga que llegar al "te dejo de hablar" (modo nosotras) o "te ignoro" (modo ellos) para solucionar o más bien terminar con una discusión que se podría haber evitado. Porque no era tan importante para llegar a esos extremos. Simplemente, son opiniones o puntos de vista sin una verdad absoluta. 



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